PicsArt_06-05-12.58.11Creía que era una ensoñación, pero ha sido una evidencia.

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Hoy me ha dicho el gorrioncillo
que has andado en la huerta a mi vera,
y que me has susurrado al oído el secreto de tus letras.
Esas que me libran del ahogo
y me ayudan a saltar mis propias fronteras.
Las que me acurrucan en el desamparo
o las que me dan fortaleza.

Dice que has venido a soplar tus velas.
Hoy te echo de menos como la espuma al mar,
como la raíz al trigo,
como el sol a la luna,
como las ramas a su olivo.
Y porque me falta tu certeza,
lanzo preguntas a tus libros,
y en ellos hallo tus respuestas.

Dice que me has avisado,
que tenga cuidado,
que me proteja.
Que no recree fantasías en mi cabeza.
Que el amor puede ser desde un soneto oscuro
hasta una brizna de hierba.
O incluso que mi corazón estalle
y acabe dentro de una esquela.

Y luego el gorrioncillo se ha ido volando.
Alto.
Alto.
Alto .
A llevarte mi respuesta.
Y aquí te espero, al lado de tu verde puerta.

Miro tu balconcillo, donde ansío ver tu silueta.
No apareces, pero imagino tu sonrisa a la sombra de tu huerta.
Pero yo sé que sigues aquí.
En la ligereza del aire,
en las pisadas de la tierra,
en el perfume de las flores
y en el blanco de la sierra.

Y estás en mi latido y en mi memoria,
y en cada una de mis pequeñas victorias.
Y estás en la palabra alegría, y en las sonrisas de las auroras.
Y las notas que desprende tu piano
cuando te acercas, cuando no hay nadie,
a tocarlo a deshoras.

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