Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

¿Y los empresarios?

En esta avalancha de corrupción siempre hay unos nombres en titulares y otros en subtitulares.

Los primeros, los políticos.

Los segundos, los empresarios.

En el CIS, los políticos siempre aparecen como uno de los principales problemas para los españoles, pero nunca se menciona a los grandes empresarios que manejan los hilos de la política económica.

¿Los ciudadanos no son conscientes de que los políticos corruptos existen porque detrás hay empresarios que los sobornan para aumentar sus ganancias?

¿Los ciudadanos no son conscientes de que muchos empresarios acaparan fortunas indecentes por imponer condiciones laborales precarias para tener el máximo beneficio, porque están en paraísos fiscales o deslocalizan la producción?

Muchos patriotas lanzan la excusa de que los empresarios “crean puestos de trabajo”, y les convence que sea a costa de menospreciar al trabajador, de la explotación o de que se creen legislaciones ad hoc para sus intereses. Si es un político el corrupto se condena no sólo a él, sino al ejercicio de la política en general. Si es un empresario, el fin justifica los medios y se banaliza esa corrupción.

El listado de nuestros empresarios corruptos o que aplican métodos cuestionables no entra en este artículo. Sólo hay que recordar a Gerardo Díaz Ferrán, a José María del Nido o los empresarios que usaban la red encabezada por el chino Gao Ping (entre ellos, Patxi Garmendia Ugartetxea, amigo de Juan Carlos I). En este saqueo, constructoras e inmobiliarias con imputados se suelen relegar a subtitulares o breves, entre ellas Ferrovial, Sacyr Vallermoso o Sando.

Resulta muy llamativo que los concursos públicos casi siempre recaigan en los mismos, o inquieta leer tuits como el de Pedro J. Ramírez tras la muerte de Isidoro Álvarez (El Corte Inglés) sobre la complicidad de éste con Aznar, o cuando el presidente de Mercadona, Juan José Roig, reconoció dos donaciones de 50.000 euros en los años 2005 y 2012 al PP.

La mayoría de los pequeños españoles emprendedores respetan las normas y no se benefician de los paraísos fiscales,  como hacen 33 de las 35 empresas del Ibex; y ninguno podemos acceder a que rescaten nuestro negocio, como a los bancos, donde sus presidentes se vieron salvados gracias al esfuerzo de los trabajadores.

Si nos arriesgamos a montar una empresa y se suspende o tenemos pérdidas, no nos ocurre como a Florentino Pérez, donde el Estado (es decir, nosotros) indemniza con 1.350 millones de euros la paralización del proyecto Castor.

Mientras pagamos impuestos o ni alcanzamos para la cuota de autónomo, resuenan frases como la de Enrique Cerezo: “Me hace gracia cuando hablan de la deuda de 500 millones a Hacienda. ¿Y eso es un drama? Parece que hemos matao a Manolete (…) El fútbol genera un factor social magnífico (…), desde septiembre a mayo tenemos entretenida a gran parte del país”. Desde luego, es mejor que el pueblo olvide por un rato su declaración de la Renta, que recordarle que los responsables del partido de fútbol que ven no pagan sus deudas a Hacienda.

Y pocos pueden cuestionar a Amancio Ortega, fundador de Inditex. Un gráfico que la semana pasada publicaba The Guardian, sobre el informe de Oxfam, resultaba espeluznante. Entre las diez personas más ricas, la tercera era Ortega. Aun gastando un millón de dólares DIARIOS, no agotaría su fortuna hasta dentro de 172 años. Ni siquiera tiene vida suficiente.

Mención destacada merecen las empresas de servicios básicos como telefonía o electricidad que, a cambio de favores, fomentan las puertas giratorias para nuestros políticos. Y, en un paso más, muchos empresarios pertenecen al círculo cercano de nuestra monarquía, algunos muy amigos de Juan Carlos I, donde cabe recordar el caso Nóos encabezado por su yerno, Iñaki Urgandarín . Así hemos llegado al totalitarismo invertido defendido por Sheldon Wolin. Si les parecen pocos los beneficios de las empresas, esperen al  tratado de Libre Comercio de Europa con los Estados Unidos.  

Es como si tenemos una plaga de roedores que viene de un vertedero. Podemos desratizar pero, si no actuamos sobre el vertedero repleto de basura, las ratas seguirán saliendo a borbotones.

No veo un equilibrio entre los ataques a los políticos y a los empresarios. Quienes rechazan la política y muestran su desafección con no participar en las elecciones, o quienes insultan a todos los políticos, no veo que apliquen el mismo baremo en el resto de sus acciones.

No veo que hayan dejado de comprar en Mercadona porque su presidente dijera que la reforma laboral (que nos ha quitado derechos) debía haber ido “más allá” o que hay que “desincentivar el desempleo”. Tampoco veo quese hiciese un boicot a lnditex u otras empresas de la industria textil implicadas en el derrumbe de una fábrica de Bangladesh en 2013, donde murieron más de 300 personas. Ni que los partidos de fútbol se conviertan cada domingo en un acto de denuncia contra los directivos que cierran sus negocios en el palco o siguen sin pagar sus deudas.

Es como si en los ciudadanos llevasen un gen del silencio, un perdón directo hacia la corrupción económica, que ni siquiera permita cuestionar los métodos de esos empresarios. Si este mundo es tan desigual y putrefacto es porque

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, o contra aquellos que para aumentar su fortuna no tienen en consideración nuestros derechos.

No miremos sólo el dedo, miremos la luna.

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