Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

Rajoy y los Reyes Magos

Redacto este artículo como quien se sienta a escribir la carta de los Reyes Magos, aunque ya sin inocencia y sin esperanza. Porque, aunque no hable por pantalla de plasma, poco se puede esperar de la comparecencia de Rajoy ante el pleno del Congreso. Aún recuerdo aquel verano donde Zapatero, junto con el PP, aprovechó para cambiar la Constitución por primera vez, sin referéndum. Y ahora nos enfrentamos a otro verano donde un presidente del Gobierno aprovecha la operación salida para salir del paso de sus errores. Insistirá en el mensaje de que no se chantajea al Estado, que todas las acusaciones son falsas, que agotará su legislatura, hará poquito de paripé…y venga, la vida sigue igual y vámonos de vacaciones que se hace tarde.

Y, pasado el bache de Bárcenas, empezará el momento “vender la moto” de que España va en la buena dirección. Y todo eso irá adornado con palabras emotivas, de refuerzo, de patriotismo… Y hablará de la EPA. Y dará muchos datos. De un lado. Y de otro. Y afirmará que salen las cuentas. Y que los recortes fueron necesarios. Y que entre todos salimos de la crisis. Y despachará un discurso en plan “Alicia en el país de las maravillas” que algunos escucharán ya de camino a la playa o la montaña; y otros, inmersos en la desafección política, ni prestarán atención.

Y es entonces cuando en mi mente se agolpan todas esas preguntas que me repito y cuyas respuestas me encantaría escuchar o, al menos, reconocer los errores. Por ejemplo. Yo quiero que hable del caso Bárcenas, pero no sobre la figura de Bárcenas y del “chantaje”, sino de la financiación del partido. De sus mentiras y sus SMS. Y quiero que hable de las empresas implicadas. Y del verdadero chantaje al que éstas someten.

Y quiero que hable del paro. Pero no que me repita las cifras de la EPA, sino que me diga cómo piensa enfrentarse a la estacionalidad de los datos, a la escasa calidad del empleo o a las familias que ni tienen prestación. Hablará de los brotes verdes de la reforma laboral, pero yo quiero que admita que ha provocado que el coste del trabajador es menor o explique qué planes tiene para afrontar el hecho de que el paro haya aumentado un 9% en las mujeres frente al 1,59% en los hombres.

Y quiero que explique por qué se cierran centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se reduce en sanidad y en educación pero sí hay 887 millones de euros para armamento. Que haga comprender en qué mejorará nuestras vidas la fragata F-100, el helicóptero Tigre o el misil Taurus.

O, mejor aún, quiero que exponga cómo aquel préstamo de condiciones muy favorables que no tendría coste público y que salvaría a los bancos, al final, se ha esfumado. Que hay 36.000 millones de euros que han desaparecido. Quiero que le explique al funcionario que vio reducida su nómina, al parado que tiene menos prestación o que ya ni siquiera la tiene, al enfermo que debe pagar por una prótesis o ambulancia, al dependiente sin ayudas, al universitario que no puede afrontar el pago de las tasas o al desahuciado que ustedes no rescatan… que todo esto no ha servido de nada. Que han dado dinero a unos bancos (que sí han hecho el agosto) recapitalizados y salvando sus problemas mientras han creado infinidad de ellos en la ciudadanía. Los mismos bancos que deniegan préstamos para emprender.

Quiero que reconozcan a los afectados que, básicamente, el Gobierno ha recurrido el decreto antidesahucios de la Junta de Andalucía ante el Tribunal Constitucional para proteger al sistema financiero.

Quiero que le diga a todos que su sacrificio, su merma de derechos y el retroceso de este país al que tanto dicen defender no sirve de nada salvo para mantener y mejorar el negocio privado y los privilegios. Que, en el fondo, hay dinero. Pero para lo que quieren.

Yo, como en los Reyes Magos, por pedir que no quede. Reclamaría una respuesta a todos estos temas. Aún a sabiendas de que no cumplirá nada de lo pedido. Y eso es lo peor. Que no se puede esperar ya nada de él…salvo alguna cosa que nos amargue la vida.

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