Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

¿Qué es lo legal?

“Lo que más me indigna es la indiferencia con que se contemplan las cosas,” decía José Luis Sampedro. Pienso que todos queremos lo mejor para el prójimo, y eso incluye que sus derechos no sean pisoteados, terminen muertos de hambre, sin trabajo o sin casa. Les advierto que algunas de estas reflexiones no son excluyentes. Pero no puedo comprender que el pueblo, donde recaen todos los efectos negativos que imponen el Gobierno y la troika, preste desmesurada atención a algunas noticias y asista, impasible, a otras. En definitiva, mirar el dedo, no la luna.

Escuchamos nacionalización de empresas o expropiación, y temblamos. Pero si una empresa privada defrauda millones a Hacienda no reconocemos que perjudica el interés público.

Nos encanta hablar de lo que le pagan a un jugador de fútbol; pero no debatimos que el club que los contrata debe dinero a la Seguridad Social, a la que tú contribuyes.

Aplaudimos Eurovegas, con sobresalientes ventajas fiscales y legales, mientras tú debes sortear una carrera de obstáculos para montar una empresa.

Nos sorprenden las protestas ecologistas; pero no si se aplastan árboles para construir una gran superficie, o si sustituyen el césped natural por artificial.

Nos sobrecogen las víctimas del terrorismo; pero las víctimas de maltrato siguen siendo un asunto “doméstico” donde mejor no meterse.

No se permiten los vientres de alquiler porque son un beneficio económico; pero no se preocupan del mercado y el dolor que crearon con los bebés robados.

Legislan sobre el aborto y se acusa de “asesina” a quien lo hace; pero asistimos impasibles frente a la industria armamentística o la especulación alimentaria que mata a tantos niños.

Nos estremecen los asesinatos, aún más cuando ni siquiera sus verdugos confiesan dónde entierran a sus víctimas;  pero ignoramos a los muertos que tenemos en las cunetas.

Nos alertamos si el SAT entra en un supermercado para llevarse comida; pero miramos hacia otro lado cuando el supermercado tira comida a la basura.

Nos quejamos si una manifestación, o una huelga, obliga a cerrar un negocio; pero obviamos esa molestia cuando debe pasar una procesión.

Insistimos en que tenemos malos alumnos, que no sobresalen en el informe PISA; pero nos reímos de quienes tienen estudios diciéndoles que no sirven de nada.

Consideras que es adecuado defender la vida y al nasciturus; pero no reflexionamos cuando descuidan y dejan desamparado al que vive.

Estamos pendientes de si sube la venta de coches, las hipotecas o la prima de riesgo; pero mostramos indiferencia si aumentan las personas sin hogar.

Te alejas de quien está siendo desahuciado por su banco; pero callas si el sistema bancario estafa 36.000 millones para su rescate con dinero público.

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Recibes críticas si cuestionas la intervención de los antidisturbios; pero si una mujer pierde un ojo en una manifestación por una pelota de goma, con el tiempo, lo olvidamos.

Nos asombra la cola de personas que se forma para un partido de fútbol o un concierto; pero ya no tanto la cola del paro.

Apoyas que obliguen a tener un hijo con discapacidad; mientras respaldas los recortes en la Ley de Dependencia.

Nos incomoda el inmigrante que acude al centro de salud; pero sonreímos al que venga con la cartera llena.

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Aplaudimos en televisión programas que piden caridad; pero no salimos a la calle a defender los derechos que realmente permiten la solidaridad.

Nos preocupa la noticia de un hundimiento de un barco; pero apenas te remueve cuando una patera es arrollada por una lancha de la guardia civil.

Te sobrecoge la muerte de un periodista en guerra en manos de rebeldes; pero si muere en manos de militares americanos no se hace justicia.

Nos mostramos como los abanderados de la democracia; pero nos hacemos amigos de Arabia Saudí a pesar de sus torturas y violaciones de derechos humanos.

Te desconcierta si un sindicato se lleva material escolar de un supermercado; pero justificas que la policía desmonte un mercado de intercambio de libros de texto convocado por padres.

Lloras porque no declaren a tu país sede olímpica; pero apenas te conmueve cuando lees que hay un 30% de niños de tu país en riesgo de pobreza.

Hace años te advertían de la entrada de inmigrantes a tu país; ahora no quieres reconocer que más de  300.000 jóvenes se exilian por falta de oportunidades.

No se pueden hacer escraches porque es “agresivo”; pero no consideras agresivo dejar a familias, mayores y menores, en la calle.

Te alegras de que existan 31 parados menos; pero no mencionas a los parados sin prestación o la caída de cotizantes a la Seguridad Social

Te parece normal la idea de apadrinar a un universitario; pero no le exiges al Estado que cumpla su función educativa.

¿Qué es lo legal? ¿Incumplir  un programa electoral? ¿Incumplir la Constitución? ¿Incumplir los derechos humanos? A veces, incluso lo que parece correcto, es incorrecto. Si escavamos un poco en el terreno veremos la raíz del problema. Todo se justifica con el dinero y la rentabilidad, el capital. Aunque se arriesgue la vida. Es cuestión de abrir los ojos más allá de lo inmediato para avanzar. Como decía Federico García Lorca, “los hombres no trabajamos para nosotros, sino para los que vienen detrás, y éste es el sentido moral de todas las revoluciones, y en este último caso, el verdadero sentido de la vida”.

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