Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

Picasso, in memoriam

Muchos de los lectores de este diario digital conocen mi amor por Federico García Lorca. Otros, más cercanos, saben que igual cariño le guardo a Pablo Ruiz Picasso. Los dos, Lorca y Picasso (Federico y Pablo para mí) se han convertido no sólo en mis referentes, sino en mi refugio y salvavidas cuando siento que me ahogo. Leer a Federico o ver una obra de Pablo siempre aporta el oxígeno que le falta al día.

Podía haber escrito a Pablo una carta, al igual que a Federico, pero hay una diferencia fundamental entre ellos que hace que cambie parte de este texto. Mientras Lorca murió fusilado en la Guerra Civil, Pablo vivió con intensidad hasta sus últimos días. Mientras Federico fue el poeta y dramaturgo del pueblo, Picasso fue para muchos un desconocido, un famoso, un rico pintor, un mujeriego. En el aniversario del nacimiento de Picasso creo que la mejor forma de rendirle tributo es recuperando su memoria.

Durante años, por mi profesión y mi formación académica, Picasso fue siempre objetivo de mis estudios. Realicé una investigación sobre la imagen de Picasso durante 1931-1950 en La Vanguardia, y las ediciones de ABC Sevilla y Madrid. Ahí pude certificar que el trato que se le dio a Picasso justifica los comentarios sin argumento que en muchas ocasiones he escuchado. Los medios de comunicación, con su goteo intermitente de noticias, determinaron una imagen muy equivocada de él.  Sólo haciendo un ejercicio de memoria puede restablecerse.

Se da la paradoja de que el arte más reciente de nuestro tiempo, el más cercano, es el más incomprendido y el menos reconocido. No crean que somos menos capaces que otros. Todo fue una estrategia: mediática y educativa.

. Mientras en la República o la Guerra Civil se le trató como “gran español”, “célebre”, “universal”, “gran artista”,  y “pintor” (algo que puede parecer obvio)… En el franquismo no solo se eliminan referencias a Picasso, sino que se tergiversa la realidad y se le niega su condición. Por ejemplo, no se citó a Picasso como “pintor” en ABC Sevilla y en menor medida se recuperó su imagen como “español”. Mucho menos como malagueño o andaluz, que ni siquiera llega a mencionarse. Una identidad totalmente anulada. Hacer creer que Picasso no formaba parte de nuestra identidad, de nuestras raíces.

No crean que durante la República existió una actitud complaciente. Hay críticas, pero ceñidas a su obra y sin descalificaciones personales. Bajo el franquismo se dice de él es que un “mistificador”, se incide en su visión más mercantilista y se le niega como genio, apropiándose de calificativos realizados por Dalí que destacan por su rotundidad: “destructor y diabólico”. De él se dijo que era un “geómetra de la imbecibilidad acumulada”, una “persona perturbada”, que hacía “pinturas de lunáticos”, que era conocido en “el arte de hacer el ridículo”, una “fuente inagotable de risa”, que estaba “condenado a ir por el mundo con su comunismo a rastras, como el perro con la cacerola que le han atado al rabo” y que su litografía de la Paloma, símbolo de la paz, era un “pichón del estofado soviético”.

Esa investigación pretendía demostrar que no hay palabras inocentes en el periodismo. Que éstas determinan la visión de un personaje público y manipulan una concepción artística e histórica.  La Historia del Arte no es únicamente la escrita por biógrafos y por críticos. También es la escrita por redactores cada día, de forma casi silenciosa e inmediata, en las páginas y en las emisiones de mensajes que llegan a miles de personas.

Hoy, cuando decir Picasso es garantía de éxito, me enojan esos periodistas oportunistas que se definen con un golpe en el pecho como los más picassianos del mundo. Cuando si hubiesen sido periodistas en el franquismo es muy probable que hubiesen actuado bajo los dictados de desacreditación continuos. Por miedo quizás, pero por convicción en muchos casos. Porque, si de verdad queremos a Picasso, tenemos que rectificar.

Tengo la suerte de ser andaluza. De tener a Federico a una hora y media de mi casa. Y de estar a quince minutos de Picasso. Por donde voy, lo busco. Ojalá un día pueda acercarme a su castillo de Vauvenargues y dejarle una biznaga. En Barcelona me siento como en casa, no sólo por la misma luz mediterránea, sino por poder sentirlo en Els Quatre Gats o poder ver su cara y sus obras por las calles. Ir a Madrid y entrar en el Reina Sofía, en la sala 206, es también como llegar a mi hogar. Recuerdo que fue el último cuadro que quise ver. Sentí una mezcla extraña de estar delante de una pintura repleta de significado y, a la vez, de tomar conciencia de que realmente estaba allí, contemplando ese cuadro que tantas veces vi sólo en una reproducción. Me emocioné. Y me acordé de Federico cuando decía que cuando uno asiste a un sitio y es de agrado “recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que se quieren no se encuentren allí”. Estaba sola. Salí a respirar aire fresco en el patio y cuando estaba allí, arrastrada por el viento, apareció parte de una flor. Un abuelito de esos con los que jugaba con mi yayo en su jardín. Parecerá una tontería, pero en ese momento ya no me sentí tan sola y regrese, aliviada, a contemplar de nuevo durante treinta minutos a Guernica.  Cuando voy a Madrid siempre que puedo, voy a verlo. Me gusta llegar allí y comprobar que por Guernica pasa el tiempo sin envejecer. Porque hemos evolucionado tan poco como seres humanos que el mensaje del horror ante el ataque sigue vigente.

Así que, Picasso (y ya me dirijo a ti), en el día de tu cumpleaños creo que no puede haber mejor regalo en la distancia que dignificar tu memoria. Como periodista reconocer públicamente las falsedades que se dijeron de ti y decir, alto y claro, que no fuiste ningún “destructor diabólico”. Ni un “geómetra de la imbecibilidad acumulada”, ni un perturbado que se dedicaba a hacer “pinturas de lunáticos”. Que nunca hiciste el ridículo. Que las únicas carcajadas que arrancas son las que se producen cuando vemos tus fotos disfrazado de payaso o cuando tus manos desaparecen bajo una mesa, sustituidas por unos bollos de pan. Y, sobre todo que tu paloma de la paz nunca fue un “pichón del estofado soviético”. Quizás el tiempo pone a todo el mundo en su lugar. Y, en verdad, quienes quedaron retratados fueron ellos mismos, como imbéciles, incultos, destructores… e hicieron el máximo de los ridículos.

Como apasionada del arte, gracias por ayudarme a jugar con la mezcla de colores, con las líneas, los trazos y los lienzos. A ver la vida con la creatividad de tus ojos. A hacerme consciente de que todos tenemos un Periodo azul, de dolor, en nuestra vida. A creer en la esperanza de que algún día llegará ese Periodo Rosa… O que cuando tu pueblo padece, aunque estés lejos, hay que defenderlo. Que frente a la intención de ser niños adultos, la vejez hay que afrontarla como si volviésemos a ser pequeñajos. Descubrí la capacidad de plasmar la rabia, la compasión, el amor o el desamor en un lienzo. De imaginar que el dolor de la guerra es igual que uno de esos dedos y lenguas que dibujaste como puñales. Gracias también por enseñarme la leyenda de Ícaro, a descubrir que una mujer puede tener un cuello de jirafa o la forma de una flor, que tus maternidades ejemplifican la fortaleza y robustez de ese amor, que hay cabras de metal, que un jarrón tiene panza y cuello, o que existen platos con cara de fauno.

Como malagueña, gracias por dejarme ver durante horas a tu Paulo con gorro blanco en el Museo Picasso Málaga. No creo que haya cuadro en el mundo que pueda plasmar de una forma tan sencilla la ternura e inocencia de un niño. Sabes que esta ciudad es una madre regular, que trata mal a sus hijos… Todo es cuestión de tiempo. Aquí sigue la misma luz, la misma casa donde naciste, los cuadros de tu padre y esas palomas en la plaza donde jugaste de niño. Hasta el aeropuerto lleva tu nombre…Te haría incluso gracia.

Y, como ciudadana, gracias por enseñarme a que ser neutral es tomar partido por el silencio y la complicidad. Por crear un arte con conciencia. Por demostrar que hay que vivir la vida como si fuese el último segundo. Por tu compromiso, tu memoria, tu defensa y tus valores. Todos tenemos una deuda pendiente contigo. Espero que esto ayude a paliarla. Y, aunque a algunos les moleste, ya es hora de que te reconozcamos por lo que realmente fuiste. Reconocer que formas parte de nuestra identidad, de nuestras raíces. Devolverte tu plena identidad, sin dudarlo. Pablo Ruiz Picasso: pintor español, andaluz y malagueño.

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