Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

Ni de izquierdas ni derechas

¿No te asusta la idea de un mar con todos
los peces atados con cadenitas a un solo punto sin conciencia?

Federico García Lorca

En un mundo ni izquierdas ni de derechas no sería preciso este artículo, porque ni siquiera habría diferentes partidos. Tampoco hubiese existido la necesidad de la lucha obrera, la reivindicación de los derechos sociales, ni se debatiría sobre la restricción de derechos fundamentales. En un mundo ni de izquierdas ni de derechas no se habrían producido guerras orquestadas por poderosos (incluida la Guerra Fría), ni Cazas de Brujas, ni se hubiese dirigido golpes de Estado, ni se hubiesen atacado las reivindicaciones de los pueblos, ni planificado exterminios de etnias, ni asesinatos por cuestiones ideológicas.

No es que no exista la derecha y la izquierda. Es que hicieron creer que no existían. Que, en cambio, hay un espacio neutral, sin etiquetas, que es lo que se lleva en el mundo posmodernista, globalizado y líquido, ausente de cualquier compromiso. La finalidad de usar ese lema es fácil: atraer votos. Pero posicionarse no da alergia, sino identidad. No hay peor error que no reconocer lo que somos. Y, aún peor, en qué bando nos posicionamos para enfrentarnos a las amenazas. Un adversario desorientado es un adversario débil, un punto fácil para quien ataca. De ahí, el empeño de despojar de ideas y de conciencia.

El camino es peligroso. Mucho. Camille Peugny, en un libro de 2009, alertó sobre el fenómeno de “desclasamiento”, e insistió en que los desclasados tienden a apoyar el autoritarismo y la restauración de los valores tradicionales y nacionales. ¿Exagerado? Echen un vistazo a Europa, donde cuaja cada vez más la representación de la ultraderecha. O en nuestro mismo país. Y, en un intento de control de los medios de comunicación, se pasa a presentar a fascistas como indignados y salvadores, y a indignados como agresores.

Cuando se acude a las elecciones, hay que ser consciente de que todos los partidos tienen ideología, porque no todos son iguales. Podrán tener diferentes métodos o planteamientos, pero todos tienen ideas y programa. Y esos puntos reflejan las decisiones que tomarán por nosotros y que determinarán nuestra vida en los próximos años.

En un mundo ni de izquierdas ni de derechas no haría falta aclarar que las conquistas sociales y laborales vinieron de la lucha de izquierdas; mientras que el ataque al pueblo y sus derechos estaba (y está) manejado por una derecha que nunca está dispuesta a perder su cuota de poder. De una derecha que no cuestiona principios humanos cuando su ideología neoliberal da preferencia al negocio frente a la vida, cuando lo público es un mercado de rentabilidad para lo privado. Quien representa esa ideología nunca puede ser democrático. Y, ¿por qué el mundo actual, que tanto nos desagrada, es así? Porque mientras nos hacen creer que no existe ni izquierda ni derecha, ellos saben perfectamente las reglas del juego. Ellos sí conocen los intereses de clase y miran por los suyos.

Mientras gran parte de los ciudadanos navegan sin rumbo digiriendo cantidades de noticias edulcoradas y contaminadas, quienes tutelan ese control informativo saben perfectamente en qué posición están. La derecha, los neoliberales, el capitalismo…sabe que la política es una forma de organización y que la ideología es la herramienta más eficaz para sus objetivos. Más que como herramienta, como arma. Porque si con ella consiguen bajar sueldos, empobrecer, embrutecer y poner en peligro la salud de los ciudadanos, la ideología se convierte en un arma mortal.

Sí, el panorama es desalentador. Pero ¿saben que les digo? No me dan tanto miedo ellos, porque los conozco, y sé cómo juegan. No se ocultan.Lo que me asusta es que existan ciudadanos como si fuesen peces atados con cadenitas al pensamiento único, ciegos, sin despertar y sin conciencia. 

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