Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

Me han robado

“En los suburbios del mundo, los jefes de estado venden los saldos y retazos de sus países” 

Eduardo Galeano

Termino 2013 con la sensación de que me han robado. No sólo a mí. Nos han robado a todos. Voy con el recuerdo de las colas en los bancos de alimentos que he visto este año en Málaga, y a la vez contemplo la cantidad de personas sin hogar que hay en Madrid. Desde mi última visita, en verano, se han multiplicado. Mientras la gente se quedaba deslumbrada con las lucecitas de Navidad, me fijaba en un joven que pedía dinero en la calle para comer. Tenía unos grandes ojos azules que, al mirarlos, parecían reflejar toda la profundidad en la que había caído su vida.

Me reafirmo. Sí, nos han robado.

Sólo hay que recordar algunos datos de este año. 33.000 millones de recortes en pensiones, 36.000 millones de dinero público perdidos para la banca, un gasto militar superior en 4.500 millones a lo indicado en los Presupuestos Generales del Estado, 214.000 para la restauración del Valle de los Caídos… y otros gastos “menores” y absurdos, como dos millones en una campaña para defender la reforma laboral, o 200.000 euros en la compra de sables por el Ministerio de Defensa. Esos sables pueden sustituir el coste de un medicamento retirado o un traslado en ambulancia. El gasto militar cubre becas denegadas a estudiantes, o el dinero perdido en la banca tendría mejor uso si hubiese sido destinado a crear empleo público o a impedir las reducciones en las prestaciones por desempleo.

Cientos de personas han sufrido los recortes en sanidad para que los fondos públicos supongan el 37% de la facturación total de la sanidad privada. A la vez que el Estado (por sólo poner dos ejemplos) gastó en una semana 840 millones de dinero público en ayudar a empresas privadas o 28 millones en asesores. Se permite que las grandes empresas y fortunas representen el 72% del fraude fiscal, que sólo 30 familias manejen la riqueza de España o que las empresas cotizadas superen el 300% de beneficio a costa de los recortes.

Todo esto mientras la gestión de lo nuestro, lo público, será de una deuda que rozará el 100% del PIB y rebasará el billón de euros en 2014. El mismo año en el que Rajoy prevé bajar salarios y aumentar  contratos a tiempo parcial. Empleo precario que ya apenas llega ni al mes.

A todo esto le añades los “recortes secundarios”. Cobras menos y te suben el transporte, el gas, la luz, el agua, el IBI, los medicamentos y la comida…

. No roban dinero, pero también derechos laborales, de negociación, de expresión y manifestación… Sumen todo esto, más todo lo que nos deberían devolver los corruptos, y evalúen de dónde procede la desigualdad y la pobreza.

Pero ahí está la gente. Asiste sin que ninguna de estas personas que viven en la calle les remueva. Todos miran encantados las lucecitas de Navidad. Salen y entran de los centros comerciales porque vienen las fiestas, y algunos ya van convencidos de que son ciertos los brotes verdes. No. Sus brotes verdes no son los nuestros. Lo que hay son brotes podridos. Si no lo creen, miren estos datos de Eurostat. Un país donde hay brotes verdes no estaría entre los países de la Unión Europea con más población en riesgo de pobreza, junto a Rumanía, Bulgaria y Grecia. Para 2025, se calcula que el 40% de los españoles será pobre.

Salir de la crisis sería recuperar lo perdido. Y no ha ocurrido.  Dígale que salimos de la crisis a quien perdió su trabajo o su vivienda. A quien dejó de recibir medicamentos o tuvo que pagar por una prótesis. A quien tuvo que hacer las maletas y abandonar este país. O a quien hace cola en el comedor social o en el banco de alimentos. A quien no puede ni poner la calefacción. Y no solo eso, sino el precio oculto que pagamos: alimentación deficiente, enfermedades, estrés, problemas en el sistema inmune…

Hay días en los que siento que nos han robado las ganas de luchar. Nos han talado desde los pies, nos han podado las esperanzas y nos han impedido seguir creciendo. Se han apropiado de nuestros sueños e ilusiones, planes y proyectos. Incluso de formar una familia. Y, frente a esto, una sociedad indiferente que ni le importa las manifestaciones, las huelgas de hambre o movilizaciones mientras roban, especulan y trafican con nuestras vidas.

Que no se le olvide a nadie este 2013. Un año de abrirse pocas puertas, cerrarse muchas, y otras imposibles de derribar. Y la única que permanece abierta es la de hacer la maleta y largarse. Sólo le pido a 2014 que, de una vez, la gente deje de mirar hacia las lucecitas. Porque más arriba vuelan aves carroñeras. Abran bien los ojos. Porque si no, no sólo nos roban. Nos comen.

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