Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

La otra cara del verano

Antes de comenzar el verano nos han dejado la campaña de concienciación bien hecha, con la noticia estrella sobre el descenso del número de parados. Eso, unido a las informaciones sobre calor, a los reportajes sobre el tiempo, las playas y la montaña hará que se cumpla con el patrón común donde la conciencia, ya de por sí vilipendiada, se va también de vacaciones.

Sólo así puede explicarse el comportamiento de muchas personas que, ajenas a la realidad, admiten que la economía se recupera. Lamentablemente, por mucho que ahora también nos inunden en televisión con reportajes gastronómicos, viajes de ensueño, fiestas de nuestros pueblos o vacaciones en yate, la realidad es otra bien diferente. Y pocos medios de comunicación darán cuenta de ello.

La otra cara del verano es que Carlos, Raúl o Gema (y como ellos, cientos de personas más) han accedido a un puesto de trabajo este verano olvidando parte de sus derechos, donde serán explotados a costa de sueldos que rozan el salario mínimo o ni lo alcanzan, o a costa de echar horas extras que no serán cobradas. Y, a pesar de ello, acceden porque “no hay otra cosa”, porque “hay que comer”… dejando claro que hasta el momento la clase trabajadora va perdiendo y la capitalista va ganando a pasos de gigante.

La otra cara del verano también son los autónomos que, con la incertidumbre de las ventas, se han dado de alta esperando cubrir su cuota, o aquellos que trabajan en otros sectores y saben que las vacaciones indican una paralización de su actividad que no les permitirá cubrir gastos.

La otra cara del verano también es la de los becarios que acceden por un mísero sueldo a un empleo y terminan sustituyendo a otros trabajadores, con la esperanza de que ese tiempo invertido les permitirá formar parte de “futuros procesos de selección de personal”. O, incluso, los que acceden a trabajar gratis sólo por rellenar parte de unos currículumque se agolpan en mesas, en una trayectoria cada vez más competitiva.

La otra cara del verano será también la de  familias que, ahora que no se reclama la solidaridad de la Navidad, comprueban cómo las donaciones de alimentos han menguado, con la suerte de que en algunas comunidades, como Andalucía, se mantendrán comedores escolares abiertos y al menos sus hijos podrán comer cada día. También será el verano donde miles de inmigrantes seguirán cruzando el Estrecho para morir en él. Será, un año más, el verano donde el drama seguirá latente mientras el mundo gira sin apenas prestarle atención.

Frente a los que muestran su lujo y bonanza,

la de quienes seguirán sellando el paro, la de quienes no conocen ni el concepto de paga extra o palabra vacaciones porque no pueden permitírselas, la de quienes sólo conocen el abanico como sistema de ventilación, la de aquellos que tendrán que impedir que sus hijos  se suban a la atracción de la feria después de comprobar las pocas monedas en su bolsillo, la de quienes sentarse en la terraza de un bar o comprarse un cuarto de cerezas es considerado un lujo, la de quienes hagan la maleta no para las vacaciones sino para emigrar a otro país, o la de quienes siguen con la carta de desahucio en su mesa esperando la llegada del otoño. Seguramente no serán noticias con tanta audiencia, ni llamativas ni entretenidas, pero que no se vean no significa que ese otro lado del verano no exista.

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