Puedes leer la carta original publicada en andalucesdiario.es o bien aquí, en mi blog….

Gallardón y su concepto de vida

Qué tiempos… ¿Recuerdan esta escena? Barrio Sésamo. Epi y Blas me enseñaban el concepto de “dentro” y “fuera”. También aprendí con ellos a saber lo que es “mío”, “tuyo” o “suyo”…

Supongo que, quienes leen este texto, habrán aprendido estas diferencias básicas. Aunque, a veces, parecen no estar tan claras. El 28 de septiembre es el Día de Acción Global por el Aborto Seguro y Legal. Decidir implica una voluntad, una determinación. Cada uno es responsable de sus decisiones. Pero, previamente, debe existir libertad para ejecutarlo. En el momento en el que usted, señor Gallardón, restringe la capacidad de decisión de la mujer, limita su libertad de elección; además de cuestionar su libertad ideológica, su libertad de pensamiento.

Su pretensión es volver a la ley de supuestos de 1985. Lo que habíamos avanzado en 2010, con consenso, quedará eliminado. Pero resulta llamativa su defensa de la vida. Una persona no se define tanto por lo que dice, sino por lo que hace.

Muy bien. Defienden al nasciturus (‘[el que] ha de nacer’, participio de futuro en latín) Es decir, el concebido, no nacido. Subrayo lo de “futuro” porque, en cambio, me aturden estas contradicciones del presente:

Hay niños que nacieron y viven y tienen a sus padres en paro y sin prestación; lo que, sin duda, desvela una desprotección del Estado al menor.

Hay niños que nacieron y viven; pero son desahuciados de sus casas.

Hay niños que nacieron y viven, como en la corrala La Utopía, sin luz ni agua.

Hay niños que nacieron y viven con malformaciones, cuyas familias entregadas han visto recortadas las ayudas a la dependencia y; además, por sus tasas judiciales, apenas pueden defenderse.

Hay niños que nacieron y viven luchando para ello, con un cáncer, y piden quedar exentos del copago de sus medicamentos.

¿Cuál es, en consecuencia, su concepto de defensa de la vida? ¿Si tanto le importa, por qué no hace una ley que proteja al ya nacido y le garantice una existencia digna?

Su pilar de apoyo siempre es proteger la vida. Pero resulta incoherente que coaccionen a ser madre a quien no lo desea, mientras el Ministerio de Sanidad excluye a mujeres solteras o lesbianas de la reproducción asistida. O que ni siquiera permitan la maternidad subrogada, sin contraprestación económica, a mujeres que han perdido su útero. Son ejemplos donde se quiere dar vida por encima de todo… ¿O esas vidas son menos válidas?¿No será que, en ese caso, los métodos o la condición les importan más que esa vida que dicen defender? Aquí les impiden ser madres.

En su reforma propuesta, deciden por mí. Pero, en esta paradoja, vamos a dar un paso más. En este debate siempre predomina la reflexión “tú no puedes decidir acabar con la vida del nasciturus que llevas dentro”… Se trata de un debate sinsentido porque, si lo planteamos desde su base, podemos cuestionar cualquier opción. La persona que decide seguir hacia delante  también toma una decisión por ese crío. ¿A algunos de nosotros nos preguntaron si queríamos venir al mundo? No. Yo al menos no recuerdo que mi madre me lo preguntara. Nacemos por la decisión de otras personas. Por lo tanto, en cuanto somos nasciturus, siempre dependemos de la decisión de otros.

Conozco mujeres (muchas, ya abuelas) que tuvieron hijos con malformaciones. Aunque otras madres opinen de forma diferente, ellas dicen que cargan con un pesado dolor. Lamentan que no pudieron evitarlo. Han sentido, en ocasiones, que les pusieron a sus hijos una condena que no se merecían.

Ser mujer no es, de forma obligatoria, ser madre. De la misma forma que ustedes demuestran que ser político tampoco es sinónimo de inteligencia.

. Sino según nuestras prioridades. De hecho, aunque este sea otro debate, pertenezco a esas mujeres que no tienen necesidad vital de ser madres. Quizás, a sus ojos, constituyo una mujer “defectuosa”. Aunque también asumo que parte de esa decisión está influida por las pésimas condiciones laborales y económicas que padecemos. Condiciones que me hacen cuestionar si podré mantener a un hijo cuando incluso me cuesta mantenerme.

No se puede penalizar el aborto. El Estado existe para ofrecer garantías, no para quitarlas. La decisión de abortar no es fortuita. Es un acto de reflexión, consciente y nunca fácil. Los datos aportados por la plataforma “Decidir nos hace libres” muestran que la reforma de la ley del aborto podría dejar sin cobertura legal a unas 100.000 mujeres. Recuerden estas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS): 22 millones de mujeres abortan de forma insegura en el mundo. 47.000 mueren por este motivo. 5 millones tienen secuelas de por vida.

Hay terrenos de la naturaleza protegidos, donde nadie puede decidir salvo quienes pertenecen a ella, como los cotos privados. En cambio, lo que está en nuestro cuerpo, se convierte en un dominio público que manejan a su antojo.

Mujer, pienses lo que pienses, respeto tu derecho a decidir.
Si quieres abortar, lo respetaré. Y defenderé que puedas abortar en un lugar seguro, sin que tu vida corra peligro. Porque, además, puede ser que de tu vida dependa la de otros menores o mayores que tengas a tu cargo.
Y si quieres tener un hijo nunca me tendrás en contra. No te obligaré a abortar porque, además, la ley actual no te obliga. Es tu decisión. Si defiendes la vida, yo te dejaré siempre que tengas un hijo, dos, tres, cuatro…como si quieres terminar montando un parvulario.

La ley debe respetar el derecho a decidir de todas. Porque, recordando a Epi y Blas, la vagina está dentro de nuestro cuerpo. Al igual que mi nariz, mis ojos o mi boca; mi vagina, mi útero, mis ovarios, mis óvulos, mis trompas de Falopio y todo lo que ocurra en ellas, es asunto mío. Y usted, Gallardón, no está dentro. Está fuera… Afortunadamente.

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