Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos
que la bala que los mata.
Eduardo Galeano

Los nadies, aquellos que Eduardo Galeano nombrada, son parte y protagonistas de estas historias.
Se hace camino con conciencia. Se hace mundo con la empatía.

Durante los últimos meses de 2015, junto antes de la convocatoria de Elecciones Generales en España, se dio voz a seis personas como pequeña representación de las víctimas de la crisis económica en España en los últimos años. En época de sondeos, estudios políticos y datos macroeconómicos, esta serie apostó por centrar el discurso en aquellos que padecieron la dureza de esta crisis. Personas que vivían de forma más o menos estable pero que un día, de golpe, pasaron a vivir en carne propia la desigualdad y la exclusión social. Mientras en las elecciones del 20N en España se daban titulares sobre una recuperación económica (centrada en grandes cifras), la apuesta de este trabajo fue la de mostrar que esta crisis no había sido gratuita, que los recortes sociales tuvieron un precio muy caro para muchas vidas que incluso se fueron, que los afectados siguen y padecen esa situación y que existe una violencia invisible que golpea en sus vidas, en plena Europa del siglo XXI.  Estas personas también fueron (y son ) parte de los nadies, porque sus nombres permanecieron ocultos y sus problemas sólo ocuparon titulares en casos excepcionales. Después pasaron a ser números, a fenómenos minoritarios y latentes, y se relegaron al olvido, lejos de las portadas de apertura.
Para su cobertura, sólo se utilizó un teléfono móvil como única inversión, para la grabación de las entrevistas, la toma de fotografías y las grabaciones de vídeo (en aquellos casos que lo consintieron).
Son sólo seis casos. Son sólo la punta de icerberg de todo el drama vivido en estos últimos cuatro años en España.
Se pretendió que, al menos, durante un día, su grito de lamento o de auxilio fuese leído y escuchado por alguien. Entre ellos, se trata el drama que se esconden tras los desahucios, los suicidios por la presión bancaria, los investigadores sin futuro, los jóvenes emigrantes a los que les superan las circunstancias de encontrarse en otro país e intentan el suicidio como única alternativa, los fallecidos por recortes sanitarios, o quienes tienen que acudir a las colas de alimentos de entidades benéficas y que desvelan el rostro de la pobreza infantil. El periodismo debe tener una función social, o no es periodismo. Y la única manera de ejercer un contrapoder es mostrar la realidad de quienes padecen, para poder generar un estado de opinión pública crítico, lejos de doctrinas del shock que paralicen a una sociedad. Esta serie fue una manera de dar voz a quienes no lo tienen y de asumir el papel del periodismo y su compromiso social.

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