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Acudo a la PAH (Plataformas de Afectados por la Hipoteca) de Barcelona, en calle Leiva. Camino por una fría acera y desde fuera identifico el local donde he quedado con Yolanda Yeste, una mujer que se ha enfrentado a algo más que a la pérdida de su vivienda. Carlos Macías, portavoz de PAH Barcelona, me aconsejó escuchar esta historia. Nada más entrar, el frío da paso a un torrente de calor, pero de cariño. Me entregan una rosa amarilla de papel y una mano de cartón con la que aplaudir en silencio o votar. Faltan pocos minutos para que comience la asamblea cuando identifico a Yolanda entre las primeras sillas, como una activista más. Lejos de mensajes de recuperación, el local está repleto de personas asustadas por un embargo que tienen a la puerta de la esquina. Yolanda termina su exposición y nos vamos a conversar a un patio trasero.

Nada más sentarnos me habla de sus hijas. Me pide permiso para encender un cigarro y empieza a desmenuzar quién ha sido y quién es ahora. “Yo toda mi vida la he pasado trabajando. Soy una mujer que recibió malos tratos. Mis hijas estuvieron a punto de morir, una operada de nacimiento, porque el parto fue prematuro después de un puñetazo que recibí”. Ahora esas niñas tienen quince años y estos últimos meses han vivido experiencias duras, pero sin decaer jamás.

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