“Los medios están interesados en no informar bien y provocar confusión”

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Olga Rodríguez me abre las puertas de su casa con su pequeña correteando por los pasillos. Compartimos unos minutos de charla y de un fugaz análisis de la situación actual de país hasta mencionar a su compañero, Juan Diego Botto, y reflexionar sobre las extremas dificultades económicas que tantos compañeros del cine, el teatro y las artes en general sufren tras los recortes en cultura.

Hablar con Olga es recibir una lección en cada una de sus palabras, con la solidez y firmeza que sólo aportan sus años de experiencia como periodista especializada en información internacional, en Oriente Medio. Nunca se queda en la superficie. Olga es de las periodistas que disecciona la realidad hasta descubrir las causan reales que originan un conflicto, de las que huye del periodismo de declaraciones y de la nota de prensa, de las que busca historias humanas por encima de todo, y de las que ha luchado por mostrar, cuando nadie hablaba de ello, temas como los desahucios y la desigualdad social. Actualmente es adjunta de dirección en eldiario.es

¿Qué es el periodismo para Olga Rodríguez?

Es una profesión a través de la cual se ofrece un servicio público, siempre, aunque sean medios privados. ¿Por qué digo que es un servicio público? Porque la información es un derecho básico, fundamental, en toda sociedad libre y democrática, y está contemplada como un derecho por las constituciones democráticas del mundo  y la carta de Derechos Humanos. Es una profesión que tiene entre manos algo muy valioso que es no sólo una simple mercancía, sino un servicio público y un derecho.

Pero hay muchas diferencias entre esta teoría y la práctica real…

Todas las diferencias. El periodismo de los últimos años ha querido concebir cada vez más la información como mercancía, con la búsqueda del máximo beneficio económico en el plazo más breve de tiempo. David Simon siempre dice que hay un antes y un después en la profesión, marcado por el momento en el que los medios de comunicación entran a bolsa o en el que el mercado financiero entra en los medios de comunicación.

Las informaciones se convierten en acciones…

Sí, porque esto que pasa en EEUU en los años 90 y conlleva que echen a la mitad de los compañeros de las redacciones de los medios de comunicación, que se prescinda de las redes de corresponsales. Desde entonces, se apuesta más porque se aparente que se informa, por el show, por el espectáculo en el mejor de los casos, por el entretenimiento, y por buscar el beneficio máximo en el menor tiempo posible… Cuando yo creo que la calidad de la información no es incompatible con los beneficios económicos. Yo viví la época donde iba a Arabia o a Afganistán y estaba tres meses in situ. Y luego pasé a la fase en la que si te enviaban a algún sitio, en la mayor parte de los casos, era por dos o tres días. Es decir, solo para que pudiesen decir: “Tenemos nuestro enviado especial aquí”, pero no tenías tiempo de ver absolutamente nada. Y así en todas las secciones, en política, economía… Los medios siempre han tenido su línea editorial y sus intereses, pero en ellos entra el poder financiero, en un momento donde uno de los responsables de esta crisis es ese mismo poder financiero, la banca a la que estamos rescatando con nuestro dinero y esa banca controla parte de las acciones de los medios de comunicación. La consecuencia es un contenido absolutamente condicionado por esta realidad.

¿Crees que algunos periodistas, los que han manipulado, callado y ocultado parte de lo que ocurrían, han tenido parte de responsabilidad en esta crisis?

La responsabilidad es de los medios de comunicación.  Los periodistas saben que si protestan los echan a la calle. Nos han puesto mil ejemplos y han hecho acciones ejemplarizantes en los últimos años para que queden claras cuáles son las consecuencias de ser un periodista que ejerce realmente su profesión, crítico con el poder y vigilante. Las consecuencias son castigos, represión, despido, dejarte sin trabajo… o la aplicación del mobbing que es muy habitual en nuestra profesión. ¿Exime todo esto de culpa los periodistas? Bueno, no es lo mismo ser un camarero que un periodista. Insisto de nuevo en la responsabilidad social que tenemos.

¿Realmente crees que los periodistas son conscientes de esa finalidad?

Yo escribí hace años un artículo que se llamaba para qué nos habíamos hecho periodistas. Pues evidentemente creo que si nos hacemos periodistas es para intentar ofrecer una información de calidad y aportar nuestro granito de arena en el funcionamiento del sistema democrático. Y eso implica examinar el poder, denunciar irregularidades, la corrupción, etc. Si no puedes hacer eso, si te están censurando en el medio de comunicación, si te están obligando a no investigar… es tu obligación como periodista batallarlo. No hagamos el harakiri pero, evidentemente, tenemos nuestro grado de responsabilidad, porque no tenemos una profesión cualquiera.

¿Para qué nos habíamos hecho periodistas? ¿Para bajar la cabeza, ser sumisos, aceptar cualquier intento de censura e imposición? ¿O para defender nuestra profesión como creo que todos debemos de entenderla?

Yo siempre digo que los comités de empresa de los medios de comunicación no sólo se tienen que abordar las condiciones laborales, sino las condiciones que nos perjudican a la hora de hacer información, que nunca se han abordado. Hay un añadido a nuestra profesión que debe ser tenido en cuenta. Y ese añadido implica una responsabilidad social.

¿Te has visto en alguna ocasión en la situación que describes?

Yo nunca me he sentido censurada, aunque la censura es burda. La censura no es… esto no lo digas y esto sí. Pero, fundamentalmente, todo se establece a través de las dinámicas de trabajo, en dificultar un tipo de periodismo. Yo siempre he sido de la de llamar todos los días a la puerta de los despachos y decir… oye, ¿cómo no estamos dando esto?, ¿por qué no investigamos esta historia?… He sido muy pesada. Es muy duro porque tus jefes no conciben el periodismo como deben y te miran como diciendo… ya está otra vez, la pesada de turno. A veces logras meter cuestiones fundamentales. Yo propuse hacer un tema sobre los desahucios hace bastantes años y no pude hacerlo nunca porque te miraban como diciendo, ¿y eso qué es? Cuando ya era un problema real, si estabas en contacto con la realidad de la calle. Pero se tardó mucho en los medios en informar sobre eso o sobre la desigualdad creciente. En mi caso proponía claros crímenes de guerra… y que te digan que no cabe porque hay un pingüino cojo muy gracioso por Reuters… es muy duro. Yo dije que no quería seguir, no estaba aportando nada, esto me iba a devorar y un día voy a estar ciega yo también. Renuncié a un contrato indefinido y a un sueldo estupendo. Estas cosas son duras. Y luego si ya trabajas en audiovisuales, yo en la tele me llegaron a decir no a un reportaje que propuse sobre la justicia universal, en la época en la que la Audiencia Nacional llevaba casos fundamentales, y propuse a Rigoberta Menchú y me dijeron que no era televisiva. Yo espero que este jefe, el que me dijo eso, nunca le ocurra que su familia sea víctima de un genocidio como el de Guatemala. Se lo deseo de todo corazón.

¿Qué opinas de este fenómeno de los tertulianos televisivos? ¿Crees que ayudan realmente a dar a conocer qué sucede?

Los medios de comunicación eligen de lo que se habla y, además, cómo se habla de lo que se habla. Las tertulias contribuyen a ello. Hasta no hace mucho había temas que no se trataban en las tertulias, pero ahora la realidad es tan aplastante que asumieron que tenía que incorporar, al menos, un mensaje discordante. Pero, en buena parte de los casos, no se habla con profundidad las cosas, son representaciones teatrales y shows en los que una ejerce el papel de poli malo, como Inda. Más allá de que pueda pensar todo lo que dice, él ejerce un papel, un personaje. Luego todos se van a tomar unas copas, se llevan muy bien o al menos se guardan las formas. Estas tertulias se convierten en una especie de teatro, en un show se aumenta la tensión, están los insultos y… la audiencia, ese dios del audiovisual, que dicen que se consigue más, según algunos, con más basura… Eso no es así, porque si supiéramos la cuadratura del círculo de la audiencia todo funcionaría y la realidad es que hay cosas que no funcionan.

¿Pero aportan algo?

Creo que falta serenidad y profundidad. En general en este país, más allá de los medios de comunicación, siempre hemos sido muy burdos y muy de reír las gracias del ignorante y reírnos de quien tiene cultura, que quien tiene un pensamiento que vaya más allá de lo superficial. Mientras en otras culturas no es así. España un país que reía las tonterías de Jesús Gil, por ejemplo, y lo glorificaba porque sabía robar bien, ese culto a la picaresca que tanto daño nos hace. Eso está muy bien reflejado en las tertulias. A veces aportan algo, o logran introducir determinados mensajes pero no invitan a la reflexión, sino a la polarización… Más allá de eso, al menos, se debe tomar como positivo que desde hace poco se haya roto esta uniformidad que había antes, en la que parecía que no había  más discurso que el del bipartidismo.

Hemos tenido un verano movido entre  la ley Mordaza, el caso Zapata, la web de Carmena… ¿crees que la sociedad sabe realmente el alcance de estos casos?

Depende de cómo se posicione el medio sobre un tema. A mí con la Ley Mordaza me han llamado medios extranjeros y esa cobertura no ha existido tanto aquí. Todo es una apuesta, abres un informativo con ello, o haces un especial… Si no quieres apostar por convertir la Ley Mordaza en un escándalo, que es lo que es, pues tienes una línea editorial clara, que le pasa a muchos medios. Estamos en un año electoral, y están interesados en no informar bien para provocar cierta confusión y para facilitar que esos temas se conviertan en un escándalo. Se juegan mucho políticamente y las espadas están en alto a nivel mediático.

¿Y qué papel juegan las redes sociales?

Depende, en las redes, de quien siga. Yo decido si mi timeline es ruido o no. Es un poco a la carta. Las redes logran romper ese matrix  que permanece en los grandes medios. En las redes se habla a veces de otras cosas, hay temas que se convierten en importantes y que no están en las parrillas de informativos de buena parte de los medios convencionales, y nos dan voz a todos… Es una democratización. Pero si concibes el periodismo como una profesión elitista, y que la información sólo la puede usar una élite elegida por el poder, entonces no te gusta el periodismo desde las redes; pero lo cierto es que, afortunadamente, cualquiera puede difundir información.

El periodismo ciudadano…

Ha sido una fuente de información fundamental para muchos periodistas en las revueltas árabes, por ejemplo. Tú sabes de quién te puedes fiar y de quién no, a quién conoces y a quién no, compruebas el nivel de rigor de una fuente… Cuando eres periodistas tratas con muchas fuentes y con algunas te puedas fiar y con otras no.  Al igual que como lector sabes que puedes leer una información de un periódico y que no sea fiable. Yo creo que hay una voluntad de dotar al periodismo de un excesivo elitismo.

Ese elitismo que comentas es el que, mayoritariamente, siempre ha defendido una neutralidad en las coberturas informativas. En cambio, siempre has defendido la necesidad de posicionarse. 

En las facultades te hacen entender la neutralidad como la equidistancia. El problema está cuando se ejerce ese periodismo de declaraciones. Entonces puedes decir en plena segunda Guerra Mundial: “El rabino del gueto de Varsovia dice que los nazis están masacrando a los judíos y Goebbels lo niega”. Eso es la equidistancia. Es situar al mismo nivel el mensaje de un bando y de otro, sin entrar en nada más. Hombre, tendrás que ver la realidad y tendrás que decir si estás ante un asesinato o no. Y si estás ante un claro crimen de guerra, llamarlo crimen de guerra. Si estás ante un caso claro de xenofobia, llamarlo xenofobia. Esa es la labor básica del periodismo.

El periodismo de declaraciones cada vez busca más gente sumisa, donde además la precariedad laboral les viene de perlas, y no buscan periodistas de verdad.

Pero vuelvo a lo de antes, ¿para qué te quieres hacer periodista? Sí es porque quieres salir la tele y hacerte famoso, hazte actor o actriz, o cantante o presentador de magazines. Si quieres ser periodista para hacerte famoso, en fin, háztelo ver. Si quieres ser periodista para ganar dinero, te has equivocado de profesión. Cuando voy a las facultades, veo a gente que tiene conciencia de ello, que quiere ser periodista para eso mismo, para controlar el funcionamiento de la democracia, para vigilar el poder, para contar nuestra realidad con todos los problemas que la realidad tiene. Es decir, si aumenta la desigualdad, contarlo; si hay desahucios, contarlo; si la gente no llega fin de mes, contarlo. En el momento  en el que como periodista estás poniendo obstáculos a la narración de esa realidad y asumiendo un carácter sumiso, debes replantearte y hacerte esa pregunta todas las semanas y ver si estás cumpliendo. A lo mejor vas a ganar más como camarero que como periodista. Y como camarero al menos tienes la dignidad de no estar contribuyendo a silenciar determinadas realidades.

¿Crees que la información internacional tiene un añadido de ser peor comprendida que otras noticias por la lejanía de muchas zonas en conflicto, por no conocer sus orígenes…?

Bueno, la información internacional lo que tiene es que está sujeta a la propaganda, y a los intereses geopolíticos de los gobiernos occidentales. Ahí juegas con el tablero global y la propaganda es muy eficaz porque es un tablero tan amplio que es muy difícil conseguir acceder y entender todo el puzzle global, tener acceso a todas las teselas que van configurando ese mosaico.

Pues vamos a ese mosaico. Te voy a decir algunos de esos países y analizas qué factores y contexto debemos tener en cuenta cuando nos hablan de esas zonas.

Tú has cubierto la guerra de Irak… Cada vez hay más casos de periodistas que, en la cobertura de conflictos, se descubre la precariedad en la que trabajan.

 Yo era fija en SER pero fui sin seguro de vida, sin chaleco y sin casco. El día que mataron a José Couso mis jefes, me contaron que mis jefes buscaron rápidamente hacer un seguro que no había. Para empezar en España somos muy de pueblo. Como siempre hemos sido intervenidos, no hemos sido una colonia el uso aunque en la práctica sí, no se valora la información internacional, no se potencia. Hay ignorancia sobre la información internacional en las redacciones. Y un gran desprecio, porque se supone que aquí el periodista que se lleva las medallas es el que hace lo que se llama información de política nacional en plan de fulanito se lleva mal con otro, este le hace el juego con este….

Nosotros viajábamos en otra condiciones. Cuando el poder financiero entra los medios de comunicación una de las primeras víctimas su la red corresponsales porque cuesta dinero. Y decían… es igual, si ocurre algo, ya que pedíamos a alguien que hable español allí. En el Boston Globe, por ejemplo, cuando entra el poder financiero en la redacción se echa a la mitad de la redacción y se cierran redes de corresponsales, cuando era conocido por todo el mundo por su red y su prestigio internacional. De corresponsal fijó, en España, suele quedar el de Bruselas, Londres y poco más. Todo lo demás, se echa manos del freelance. Y hay grandes medios de comunicación en este país, que se suponen que son los más importantes, que pagan 30,00 € por una pieza enviada desde Damasco. Imagínate para llegar a 500 €. Y sin ofrecer garantías. Debes tener una preparación, un conocimiento fundamental de la cultura del país donde vas a trabajar, escribir y trasmitir la realidad. No vale con decir pues me voy a Libia. Tenemos que ser serios y entender la complejidad de este oficio y cubrir un acontecimiento determinado, que no basta con estar allí para hacerlo bien sino que se necesita conocimiento, capacidad de contar una historia, de la lengua, de la cultura, de las estrategias militares, de la geopolítica. Es la pescadilla que que se muerde la cola. A mayor precariedad laboral, mayor precariedad informativa.

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