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A veces hay que abrir los ojos. Cuando te entregas demasiado y no encuentras respuestas, hay que poner sobre balanzas las entregas.

Entonces descubrirás que, seguramente, te estabas entregando demasiado. Que ese cariño que tejías dentro de ti era bastante extenso para lo recibido.

Es el momento de asumir: «Sólo yo te quise». Pero sin lamentos ni quejas. Sólo yo te quise y con orgullo de haberlo sentido y vivido. Porque aunque te alejes y pierdas a esa persona porque ella elija a otra, eso no te convierte en perdedor…

Quien pierde es el que deja marchar.

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