pulmon_definitivo

Llevaba en la cafetería más de media hora. Pensaba en esa persona, mientras la radio que sonaba de fondo en el local  sólo le recordaba canciones de su adolescencia.

Tomó el último trago y quiso inspirar con fuerza, como si en la posterior expiración fuese a arrojar todo lo que le comía por dentro. Quizás, expulsar todo lo malo. No lo consiguió. Una canción le dijo… «sin ti, respiro con un sólo pulmón»... Y fue entonces cuando se percató de que eso le sucedía todos los días.

Cada vez que inspiraba sentía que tenía que hacer una fuerza superior, como si en su interior cojease ese lamento que no le dejaba descansar. Se palpó el pecho y pensó que desde hacía semanas una persona le había arrebatado su otro pulmón. Como si fuese un reptil. Que, simplemente, se lo llevó, casi sin avisar ni darse cuenta. Desde entonces, a trancas y barrancas, intentaba insuflar aire que traspasara por aquellos bronquios, los bronquiolos y los alvéolos hasta alcanzar esos pulmones. Se sentía casi desinflada por dentro. A veces, sin éxito, el ahogo entrecortaba el intento. Entonces, volvía a intentarlo. Volvía a comprimir y dilatar el que el quedaba. Porque a pesar de que esa persona la dejase a medio respirar, PODÍA respirar. Y porque, en definitiva, todo pasa.

Deja un comentario