viento - copia

Le encantaba ir Tarifa, como ese peculiar refugio donde sólo podía calmar el dolor en aquel agua y en aquel viento.

Le encantaba, de forma particular, sentarse en aquella arena que dividía el mar mediterráneo y el océano atlántico, quizás porque se sentía dividida por dentro pero, a la vez, se forzaba a fundirse como aquellas dos aguas. El viento le aliviaba el calor del rostro por el llanto, incluso le retiraba alguna lágrima y, cuando lo hacía, sentía que ese mismo aire arrastraba con él todos los problemas de su interior y la purificase.

Desde allí miraba a África,como la única dirección hacia la quisiera huir sin poder. Y por segundos solo deseaba fundirse con aquellas aguas y aquel viento que se mezclaban con el cielo, con aquellas olas que saltaban y se mezclaban en el aire y con la arena en suspensión, cuando todo se entremezclaba en un remolino de colores del que no se puede escapar. Y del que ella no quería escapar

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